TAPESTrY 2030 EPISODE 5: La sostenibilidad nace de la comunidad: el ejemplo de San Isidro, Perú

TAPESTRY 2030 Season 2

EPISODE 5: La Sostenibilidad Nace de la Comunidad: el Ejemplo de San Isidro, Perú

This is the Spanish version of Season 2 Episode 5. 
Season 2 Episode 5 Tapestry 2030 Illustration

En este episodio nos sentamos con Vitalina Flores y Ana Mio, de  Centro Esperanza, una aliada de Lazos de Corazón, y con Savina Vargas y María Suclupe, integrantes del Emprendimiento Comunitario para el Desarrollo de una Agricultura Ecológica (ECODAE) de San Isidro. Escucharemos cómo un enfoque localizado del desarrollo ayudó a esta comunidad rural a superar las graves inundaciones de 2017 y la escasez de alimentos provocada por la pandemia y los ha convertido en un ejemplo que otras comunidades quieren seguir.

TAPESTY 2030 SPANISH TRANSCRIPT – EPISODE 5

Episode 5 Transcript – SPANISH 

Ruth: Ud. está escuchando “Tapiz 2030,” una serie de podcasts del Consejo de Ontario para la Cooperación Internacional—OCIC por sus siglas en inglés—la que se centra en el futuro de la cooperación internacional y la solidaridad global, y en las alianzas necesarias para un desarrollo sostenible y transformador de género. Soy Ruth Taylor, coordinadora de operaciones de Lazos de Corazón, una organización no lucrativa con sede en London, Ontario, que trabaja en alianza con seis organizaciones en Perú a fin de apoyar sus iniciativas en educación, liderazgo, salud y equidad de género, entre otras. Hoy tengo el gusto de presentarles este episodio sobre la localización y cómo se ha aplicado este concepto en un proyecto de desarrollo sostenible que apoyamos en el caserío rural de San Isidro en el norte de Perú. 

María: La localización es importante porque las organizaciones nos escuchan nuestros problemas, por valorar lo que sabemos y respetar nuestras propuestas para mejorar nuestra vida y de nuestra familia, la comunidad, y también por enseñarnos a mirar las cosas que tenemos y podemos usarlas para mejorar nuestra vida.

Savina: Es importante por lo que nos ayudan, recogen nuestras ideas, nuestras formas de necesidades y también están pendientes de nosotros, que es lo que queremos, que lo que necesitamos que nos apoyen como campesinos que somos.

Ana: Yo creo que la localización lo que nos permite es poder involucrar también a las familias en la solución de sus propios problemas, en la solución de las necesidades que tienen como comunidad. Nos permite identificar cuál es la vivencia de la comunidad, pero también cuáles son los recursos que ellos tienen y que se pueden aprovechar de una manera equilibrada y justa, siempre respetando también el ambiente y respetando los derechos de las personas.

Ruth: Hoy nos acompañan Vitalina Flores, coordinadora de Centro Esperanza, con sede en la ciudad de Chiclayo, Perú, y Ana Mio, coordinadora de proyectos de la misma organización. Además están presentes María Suclupe y Savina Vargas, socias de ECODAE, asociación agrícola de San Isidro, una comunidad rural a unos 35 kilómetros de Chiclayo. 

Vitalina: Soy Vitalina Florez. Trabajo en el Centro Esperanza. Tengo una hija, soy socióloga de profesión y acompaño este proyecto de San Isidro con las señoras que estamos hoy día participando en esta grabación.

María: Buenos días. Mi nombre es María Suclupe. Soy madre de familia. Vivo en el caserío San Isidro. Soy tesorera de la organización Emprendimiento Comunitario para el Desarrollo de una Agricultura Ecológica de San Isidro.

Ana: Mi nombre es Ana. Ana Mío Collazos. Bueno, yo soy socióloga y promotora comunitaria. Ahora estoy apoyando, bueno, acompañando a las familias de la comunidad en el trabajo que vienen realizando.

Savina: Soy Savina Vargas. Soy madre de familia. Tengo cuatro hijos. Vengo desde San Isidro para presentar esta grabación junto a la señora Vitalina. Gracias.

Ruth: Con el acompañamiento de Centro Esperanza y el apoyo financiera de Lazos de Corazón, desde hace tres años las socias y socios de ECODAE vienen realizando un proyecto de desarrollo que busca mejorar las condiciones de vidas de las familias que viven en San Isidro y convertirla en un modelo de comunidad agrícola. 

María: Nosotros somos una comunidad rural, apartada de la ciudad, un poco abandonada por nuestras autoridades, conformada por campesinos que tienen pequeñas parcelas y otros que no tienen. Somos creyentes en Dios y tenemos el ánimo de trabajar y mejorar.

Savina: San Isidro es una zona rural, que sufrimos así por el agua, viene el agua temporal para hacer nuestras siembras. A veces perdemos en nuestros cultivos. Eso es lo que como campesino nos preocupa. Porque si así sembramos a veces el agua ya no llega, no podemos regar nuestros sembríos. Pues salimos, perdemos nuestra siembra, hacemos un gasto y que ya no podemos recuperarlo. Por motivos de eso, a veces dejamos de sembrar porque el agua a veces no nos abastece.

María: Durante el fenómeno del Niño, 40 familias nos vimos afectadas. Tuvimos que salir a pedir ayuda a la parte alta de la pista y conformamos el albergue Jesús Es Mi Camino. Con otras comunidades también afectadas. Ahí nos organizamos en una un comité para gestionar alimentos, agua, abrigo y para poder subsistir, pues nuestras pequeñas parcelas, animales y casas fueron arrastradas por el agua, ya que los caminos quedaron en mal estado. Las ayudas no podían llegar a nuestra zona. Sólo llegaban a familias de las zonas urbanas. Ahí conocimos el Centro Esperanza. 

Ruth: Centro Esperanza es una organización no gubernamental fundada en 1997 por comunidades laicas de la iglesia católica. Motivado por la fe y una opción preferencial por los pobres, el Centro trabaja en comunidades urbanas y rurales en el departamento de Lambayeque, enfocándose en los derechos humanos y la democracia; la igualdad de género; la interculturalidad; y el medio ambiente. Desarrolla sus programas en conjunto con las y los participantes, abogando con ellos y buscando mejorar las políticas públicas en estos ámbitos.

Maria: Les explicamos nuestra situación y cuando regresamos a nuestro lugar, el Centro Esperanza llegó. Llegó y nos donó alimentos y nos ayudó a organizarnos para poder pedir ayuda a las instituciones del Estado y privadas. Bueno, el Centro Esperanza en el 2017 y 2018 gestionó pequeñas ayudas para alimentos, crianza de cuyes para aprovechar los pastos y preparación de abonos orgánicos. Y fortaleció nuestra organización a través de talleres de formación personal y derechos humanos.

Vitalina: En el 2017 iniciamos como Centro Esperanza gestionando muchas ayudas para los albergues que ayudaban, que albergaban a las familias afectadas por el fenómeno del Niño. Y en el Perú, fundamentalmente, la zona más afectada fue el norte, y por lo tanto en Lambayeque, también los distritos del norte fueron los más afectados y por eso cuando estuvimos en Illimo, apoyando con alimentos, baños sépticos, campañas de salud, de limpieza de los zancudos, conocimos a San Isidro, a las familias de Isidro, porque se habían salido de su lugar a albergarse a la altura de la pista. Porque ellos son de zona rural, porque no les llegaba las ayudas para poder subsistir, porque el agua se había llevado todo. Ahí conversamos y nos pareció bien interesante sus iniciativas, sus ganas de vivir, sus ganas de seguir a pesar de todo lo que habían vivido. Se les veía en ellos la esperanza de que podían empezar de nuevo porque agradecían a Dios que todos estaban con vida. Solamente decían habían perdido sus bienes.

Ana: Recuerdo los testimonios de las familias cuando me comentaban todo lo que habían pasado durante el fenómeno del Niño, todo lo que habían perdido, pero aun así ellos seguían con todo ese ánimo y esa predisposición a salir adelante. Para mí la verdad es que tomé o tengo a la comunidad de San Isidro como un claro ejemplo de una comunidad resiliente por esa capacidad que han tenido de salir adelante a pesar de la situación por la que atravesaron en aquellos momentos y no solamente en ese tiempo, sino que también en esta segunda situación que se atravesó con el tema de la pandemia. Entonces, para mí, sí la comunidad de San Isidro es una comunidad resiliente, porque a pesar de que perdieron muchas cosas, sus animales—se quedaron incluso sin trabajo—han podido superarse y obtener sí resultados muy positivos a lo largo de este tiempo.

Vitalina: Empezamos a trabajar ahí, fortaleciendo su organización, conversando con ellos, coordinando, preguntándoles cómo pensaban salir adelante, recogiendo sus opiniones, ayudándoles que prioricen cual de esas necesidades que ellos presentaban podían resolver. Y fue así como después de dos años que los acompañamos para fortalecer su organización, también iniciamos un pequeño micronegocio de cuyes para aprovechar los pastos que había en ese momento. Prepararon abonos orgánicos. Vieron que tenían, analizaron en ese tiempo, me recuerdo, todo lo que tenían. Sus pequeñas parcelas, los conocimientos, los pozos que tenían abandonados pero que necesitaban una limpieza, análisis para ver si el agua era potable. En fin, hicieron una lista de recursos que tenían y también por supuesto el comité directivo, el Consejo Directivo que tenían, planteó el tema de cuánto ellos estaban y ellas estaban comprometidas con apoyar las actividades y trabajar juntos este proyecto para salir adelante. En todo este proceso, sentimos que valía la pena apostar por esta comunidad de San Isidro, y fue que decidimos solicitar el apoyo de Lazos de Corazón, con quien ya veníamos coordinando hacía muchos años atrás para otros proyectos. Y ahí empezó.

Ruth: El proyecto que se planteó a Lazos de Corazón buscaba por un lado la capacitación de las y los socios de ECODAE en prácticas agrícolas sostenibles y por otro el fortalecimiento de su organización. Ambos aspectos se elaboraron en base de las prioridades y propuestas de la misma comunidad.

Vitalina: Cuando fuimos a San Isidro, conversamos con el Consejo Directivo en el 2018. Y les planteamos la idea, después que ellos ya habían tenido una reunión en asamblea y habían hecho sus prioridades de lo que querían hacer, de los problemas que tenían y cómo los querían resolver. Y para eso habían hecho una mirada a todo lo que tenían. Y también recuerdo hicieron un análisis de cómo los campesinos contaminaban ellos mismos su ambiente y lograban su suelo cuando quemaban los desechos de la agricultura. Entonces decían, había un señor que tenía conocimientos de técnicas agropecuarias. Hoy ya no está, lamentablemente. Pero él nos hacía ver que la tronja del maíz, la panca, la podrían usar como insumo para la preparación de los alimentos de animales. Otros decían, “Bueno, tenemos un pozo que está ahí y lo podemos reactivar para sembrar un terreno.” Otro dijo, “Yo ofrezco el terreno.” Y así fueron sacando la idea que querían realizar, en ese tiempo, era inicialmente una agricultura netamente agroecológica, ecológica.

Ana: Algunas cosas que ha ido saliendo de la misma comunidad y que quizá no estaban contempladas también en el proyecto, pero que ellos y ellas querían hacerlo. Por ejemplo, en el reciente caso de hacer un biogás desde también los desechos de los animales. Entonces ellos y ellas pedían. Me parece que ellos utilizaban a veces las redes de internet para poder buscar información sobre estas cosas. Entonces cuando llegábamos a la comunidad, ellos ya tenían esas ideas propuestas y nos decía, “Mire señorita, a nosotros nos interesaría poder aprender sobre esto que hemos visto.” Entonces, a partir de esas ideas que ellos nos daban, nosotros también empezábamos a buscar con qué organizaciones podemos trabajar. O voluntarios. Recuerdo que esto, lo del biogás, también lo trabajamos con unos jóvenes voluntarios de ingeniería ambiental que pudieron enseñarles tanto en la parte teórica pero también en la práctica. Cómo elaborar un biodigestor casero. Y ahora hemos notado que esa pequeña experiencia que se tuvo en una de las casas ha funcionado, pero que aún se sigue todavía monitoreando ese pequeño biogás que se hizo en una de las casas. Algo también que puedo mencionar es la elaboración del biol, que si bien es cierto en el proyecto estaba contemplado como un abono orgánico, quizá para las familias fue algo novedoso saber que del mismo biodigestor también se podía obtener el biol, que es un nutriente para sus tierras. Entonces por ahí que ya le daban ese doble sentido también al biodigestor. Cómo utilizar el gas para la cocina, pero a la vez obtener el biol para nutrir también sus tierras.

María: Estamos muy contentos y contentas de todos los que estamos logrando y con el proyecto, que nos está ayudando a mejorar nuestra vida y la de nuestra familia, que nos ha dado la oportunidad para trabajar. Y que ahora sabemos elaborar abonos orgánicos, fertilizantes orgánicos. Hemos aprendido a preparar los alimentos para nuestro . . . Nosotros tenemos ganado y con lo mismo de los frutos o sea como el maíz, se queda la panquita, como se dice, nomás se saca el producto que uno consume para el hogar y el resto se quemaba. Y como obtuvimos el molino y nos capacitamos para preparar también los alimentos y hemos aprendido también para nuestros ganados a elaborar el alimento. Y hemos aprendido también a manejar técnicas de crianza y alimentación de gallinas ponedoras y a relacionarnos mejor con nuestra familia y vecinos también.

Ruth: Ya en el primer año del proyecto la comunidad tuvo resultados positivos, pero con la llegada de la pandemia de COVID-19 y la cuarentena que se impuso en todo el país, enfrentó otra crisis.

Vitalina: Las familias, por orden de disposición del gobierno, tuvieron que permanecer en sus hogares. No podían salir a trabajar. Estuvieron varios meses en esa situación. Y llegó un momento en que todos sus recursos ya se habían consumido. Todo lo que tenían—sus animalitos, sus alimentos—ya no tenían. Estaban en situaciones críticas con respecto a alimentación. Y eso sucedía en San Isidro, pero también sucedía en todo el departamento, en la región norte del país. Estábamos en situaciones muy, muy, muy difíciles en cuanto a alimentación, alarmantes, diría yo, porque en la ciudad nos tocaban la puerta cada cinco minutos pidiendo alimentos. Eso Lazos seguramente escuchó en las noticias y en un determinado momento dijo, “Sabemos de la situación que están atravesando en cuanto a la carencia de alimentos. ¿Podrían disponer del dinero que les queda para que compren alimentos a las familias?” Nosotros como Centro Esperanza, la mayoría planteaba que compremos, que se compren todo en alimentos, dada la situación. Y Ana y yo les comunicamos a las familias la buena noticia de la decisión de Lazos. Pero les dijimos que ellos deberían tomar la decisión de si se gasta todo o se deja un saldo. Entonces ellos coordinaron. Y la respuesta fue después de dos o tres días que habían decidido dejar un saldo para cuando baje el nivel de contaminación del COVID. Porque si gastaban todo, si ya se habían consumido todo lo que tenían y gastaban ese fondito que les quedaba y todo, se iban a quedar sin nada, absolutamente sin nada. Entonces nosotros respetamos su decisión y quedó un saldo. Y con ese saldo, a partir de octubre empezamos ya a salir. Y coordinar de nuevo visitarlos. Y ahí decidieron que ese saldo lo iban a usar en gallinas ponedoras para formar un micronegocio y con eso generarse una fuente de empleo.

Savina: Hemos aprendido a preparar alimentos para nuestros animales. Hemos aprendido a hacer los bebederos, los comederos y también hemos aprendido cómo medicinarlos y como alimentarlos de acuerdo a las etapas de edades. Y eso nos ha mejorado en nuestra crianza. Y nos han servido de mucho apoyo las capacitaciones que nos han seguido brindando día a día y así estamos superando en nuestra crianza. Ahora las familias que nos hemos iniciado con cinco pollitas ponedoras estamos con un aproximado de 30 gallinas ponedoras por familia. Tenemos 90 pollitos. Huevos que consumimos y vendemos también cuando hay para vender. Y ha mejorado toda la situación de nuestra familia y estamos aprendiendo en esa crianza mejorar. Y también nos ayuda para tener mejores formas de vida y poder así alimentar mejor a nuestros hijos e hijas. Y también ha mejorado nuestros ingresos para toda nuestra familia.

Ruth: La participación femenina en la dirección de ECODAE y la capacitación de toda la comunidad sobre la igualdad de género y los derechos de la mujer fueron objetivos desde el inicio de esta experiencia pero aun así las mujeres de San Isidro exigieron más talleres para lograr su plena participación en todos los aspectos de la vida comunal.

Ana: Ellas al principio sentían ese temor de poder compartir lo que pensaban con las demás personas, sobre todo viendo que en la organización también había varones y que los varones siempre tomaban la palabra. Entonces por ahí las mujeres como que sí solicitaban el apoyo de que se les pueda brindar estos talleres que les ayuden a poder comunicar mejor sus ideas, a no quedarse, a poder participar de una manera más continua y más activa y sobre todo, a poder tomar decisiones dentro de su grupo.

Savina: El proyecto es muy importante para las mujeres de nuestra organización porque nos están ayudando a perder nuestros miedos y confiar en nosotras mismas y en el trabajo que realizamos. Porque también nos permite ahora participar en el Consejo Directivo y en la toma de decisiones de ECODAE. Nosotras estamos reconociendo que las actividades del hogar y crianza de animales son un trabajo que debe ser valorado por nuestra pareja, familiares y comunidad.

María: Algunos varones están aprendiendo también los quehaceres que realizamos las mujeres en el hogar. Y no es un trabajo y una responsabilidad grande, porque se puede compartir con ellos. Y bueno, hacia mi persona y mi familia, mi esposo también ya se integró al proceso de la crianza de animales. Porque antes pensaban que, los varones, no más era de trabajar y nosotros nos encargamos de la casa, de los animales. Ahora no ya. Hasta mis hijos, mis hijos adolescentes también se han incluido en las labores que hoy en día hemos aprendido. Hasta a veces nosotros tenemos una parcelita que nos presta y ya conocen los desechos de los animales que criamos, hemos aprendido a cultivarlo ya con los abonos orgánicos. Y sabemos que hay mucho por mejorar y dejar de lado en este aspecto. Pero hoy hemos empezado y espero que sigamos así y mejorando mejor.

Ahora estamos cumpliendo nuestro sueño de contar con una fuente de empleo para nuestra familia, sueño que cuando empezamos parecía imposible. Pero hoy se está haciendo realidad. También que queremos que otras mujeres aprendan lo que nosotras hemos aprendido en el proyecto y que mejoren sus conocimientos en crianzas de animales menores y que participen también en las tomas de decisiones en el hogar y en la comunidad. Que sepan que las mujeres debemos ser respetadas y valoradas. Que los quehaceres del hogar, la crianza de animales, las labores del campo deben ser reconocidos y valorados como trabajo que aportamos al mantenimiento del hogar nosotras las mujeres.

Vitalina: Que algunos varones ya están, como reconociendo que ellos también pueden realizar algunas labores de la casa y no les quita nada de su hombría. Pero también su gesto de solidaridad con otros, de compartir lo poco que tienen con miembros de otras familias que no están en el proyecto. Entonces de mejorar su trato en la familia, de relacionarse mejor con sus hijos, con sus hijas, de respetarlas y respetarse a sí mismos. Son aportes valiosos que este proyecto nos está dando.

Ana: También habían cambios notorios en el liderazgo de las personas, porque ellos también empezaban ya a gestionar lo que necesitaban con algunas instituciones, con la misma municipalidad de su distrito. Y también empezaban a planificar ya por sí mismos sus propias asambleas. Cuando necesitaban platicar o conversar algunas cosas que eran importantes, pues ellos mismos agendaban sus reuniones. Recuerdo que a nosotros nos decían, “Mire, señorita, nos vamos a reunir este día con la comunidad para poder tomar o llegar a este acuerdo.” Entonces ya ha empezado también a practicarse un poco la democracia, la participación. Empezaban a involucrarse un poco más en sus responsabilidades, pero también en ver qué necesidades tenían como comunidad y que ellos y ellas podían cubrirlo.

Ruth: El deseo de compartir sus experiencias y aprendizajes con otras mujeres y con otras comunidades es tal vez lo que mejor muestra hasta donde San Isidro, como comunidad, protagoniza esta historia.

María: Nuestra organización ECODAE está motivada y con ganas de seguir progresando. Hoy en día estamos viendo que nuestra organización está siendo reconocida por otras comunidades o por la municipalidad. Aunque a veces no tenemos una respuesta buena, pero eso no nos impide a seguir buscando para seguir trabajando. Y bueno, nuestro trabajo se sigue y otras personas han venido a veces, hasta que los apoyemos a organizarse también como organización. Y que les enseñemos también a elaborar abonos. A los estudiantes también. Unos estudiantes también llegaron a solicitarnos que les enseñemos a preparar el compus y nosotros no nos hemos negado. Porque así como hemos aprendido, también tenemos que enseñar de la misma manera al prójimo, como se dice. Y también nos ha enseñado a ser solidarios. Hemos empezado también donando a familias de bajos recursos nuestros pollitos, de lo que nosotros sacamos de la incubadora y tenemos pollitos. Hemos donado a unas familias también para enseñar a los demás a ser solidarios y a compartir, lo poco que tenemos, compartirlo. Y así nos enseña a ser mejores personas y acercándonos a la comunidad para que quizás también se unan con nosotros y aprendan y que salgamos adelante. Que no todo es imposible que se puede hacer. Se puede aprender, seguir, salir adelante. Que nosotras las mujeres también podemos. 

Ana: También tuvieron la oportunidad de poder compartir con otra organización que recién se estaba formando en la siembra del maracuyá y que también pedía que ellos y ellas puedan compartir cómo preparar este abono orgánico. Y lo que me agrada bastante de las familias es que el aprendizaje no solamente queda en ellos, sino que también lo comparten con sus hijos, con sus hijos, con sus hijas, que ahora también están aprendiendo de todo lo que se viene trabajando.

Vitalina: Y como decía el presidente también en ese tiempo, el señor José, ser un referente para otras comunidades, para otras familias del centro poblado. Que con esfuerzo, con dedicación, con amor, con el buen trato entre hombres y mujeres, con la buena relación en la familia, sí se puede salir adelante.

También este proyecto, siento que en la medida que vamos avanzando, vamos como descubriendo qué más podemos hacer para que sea sostenible, para que se convierta en ese sueño que las familias de San Isidro quieren ser, un ejemplo para otras comunidades. ¿Pero eso qué implica? Implica que este proyecto tiene que tener sostenibilidad. Y en ese proceso hemos ido dándonos cuenta que tenemos que involucrar también a los más jóvenes, en este caso los adolescentes, los jóvenes. Ya hemos empezado con algunos, pero en esta etapa, esta nueva etapa o tercera etapa del proyecto, vamos a dar mucho énfasis en el trabajo con los adolescentes, porque entendemos que finalmente son ellos y ellas las que cuando el papá sale a trabajar fuera porque no hay trabajo para ellos en la zona, entonces tienen que irse a otros lugares, son ellos los que quedarán al cuidado de su pequeña granja. Y como son jóvenes, también tienen sus sueños.

Savina: Las 21 familias que estamos muy agradecidos con el proyecto que nos vienen brindando su apoyo a todas las familias en la crianza de gallinas ponedoras. Y agradecerles que estamos hoy aprendiendo a ayudar en nuestro emprendimiento. Y agradecerles mucho a Lazos de Corazón y a Centro Esperanza y a todos sus integrantes, que muchas gracias por todo el apoyo que nos brindan y por preocuparse en todas nuestras necesidades que tenemos. Y tengan ustedes muchos saludos de toda nuestra organización para todos sus integrantes y que Dios los bendiga. 

María: Agradecer a Centro Esperanza, a Lazos de Corazón por las enseñanzas y el apoyo que nos vienen dando de aprendizaje tanto para todos los socios de ECODAE y hacia mi persona. Y gracias por todo el apoyo infinito a cada una de esas personas que aportan para que nuestros sueños se hagan realidad.

Vitalina: Ese proyecto es una experiencia que nos ha enseñado muchísimo también como institución. Hemos dado, pero también hemos aprendido mucho como institución. Por ejemplo, una enseñanza que nos han dado, una lección, diría yo, es esto de que aún en circunstancias tan difíciles que estaban pasando con respecto a los alimentos en esa coyuntura tan complicada para ellos tuvieron la sabiduría de tomar una parte de los saldos que quedaban del proyecto y dejar una parte como manera de prevención para el mañana. Creo que en la cultura de las familias campesinas está muy arraigado eso de la prevención para mañana. Es una lección muy grande que hemos recibido como Centro Esperanza y también valorando mucho y aprendiendo de ellos, de cada experiencia de asamblea, de encuentros con los que tenemos con estas familias.

Respetamos mucho la cultura de los grupos con los que trabajamos, valoramos sus conocimientos, sus saberes. Y para nosotros lo más importante realmente son las personas. Por eso es que sentimos y agradecemos a Lazos que también confía en nosotros en este tiempo y nos ha venido apoyando en esta propuesta en la que todos soñamos que un día podemos mejorar la vida de estas familias que muchas veces son abandonadas por el Estado. 

Ruth: Una de las palabras que se mencionó varias veces durante este episodio fue “sueños.” Igualmente escuchamos de diferentes maneras las palabras “Sí, se puede.” Quizás esta sea otra razón porque importa la localización. Que es una base firme sobre la cual podemos construir nuestros sueños. Sí, se puede. 

Muchas gracias a Savina, María, Ana y Vitalina por estar con nosotros el día de hoy. Les agradecemos también a las y los oyentes de nuestro podcast.

Para informarse más sobre Lazos de Corazón y Centro Esperanza, visite el sitio web www.heart-links.org o síganos por los medios sociales. 

Asegúrese de escuchar el siguiente episodio de Tapiz 2030 en donde seguimos compartiendo historias de los integrantes de OCIC. 

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